
Trump y los cárteles

El pasado 20 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva en la que mandaba iniciar un proceso que debería culminar en la designación de una serie de grupos delincuenciales como organizaciones terroristas extranjeras.
La orden le daba algunas semanas al secretario de Estado, Marco Rubio, para nombrar a grupos específicos como organizaciones terroristas extranjeras. Aunque falta saber la versión oficial, de acuerdo con el New York Times, muy pronto el titular del Poder Ejecutivo anunciará que más de una docena de organizaciones en el Hemisferio Occidental entrarán en el rubro indicado.
El diario neoyorquino informó que el cártel de Sinaloa, Nueva Generación, del Noreste, la Familia Michoacana y cárteles Unidos serán designados asociaciones terroristas extranjeras o incluso terroristas globales. Esto tiene implicaciones de amplio espectro, pues esto le dará al Gobierno estadounidense permiso, bajo su propio marco legal, para imponer amplias sanciones económicas a grupos, personas o entidades ligados a éstos.
Aunque probablemente también se designarán como organizaciones terroristas a grupos de Venezuela, El Salvador y Colombia, lo cierto es que la acción ejecutiva se concentra en México.
Lo primero que hay que decir es que sería importante saber cuál es la justificación teórica para nombrar a estos grupos como terroristas. Históricamente, digamos en los últimos 50 años, ha habido dos tipos de organizaciones terroristas en el mundo. Por un lado, los grupos que operaron en Europa, sobre todo en la década de los 70s del siglo pasado, en países como Italia, Irlanda del Norte, España y Alemania. Este terrorismo era motivado, en gran parte, por razones políticas de reivindicación nacionalista o ideológica. El segundo grupo de terroristas eran los que provenían del mundo islámico y que cometieron centenas de ataques a grupos de la sociedad civil en todo el planeta. El más espectacular de estos fue el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York y al Pentágono en Washington D.C. A diferencia de los europeos, las motivaciones de estos grupos son una mezcla de religión y política.
Ahora, la administración Trump pretende colocar a los cárteles de la droga en el mismo cajón que, por ejemplo, el grupo ETA en España o Al Qaeda en Afganistán.
Una proposición difícil de justificar racionalmente, aunque no imposible.
Pero más allá de esto, el hecho indudable es que los cárteles mexicanos arriba nombrados, y quizás otros, tendrán un estatus de grupos terroristas muy pronto.
Sin duda, la acción ejecutiva de la administración Trump tendrá como consecuencia la elevación de las tensiones con el Gobierno mexicano. La respuesta de nuestro país no debería ser la de defender públicamente a los cárteles, tal y como ha venido sucediendo. México debería más bien preparar una serie de propuestas, a la vez realistas y en favor de proteger la soberanía del país, que sirvan de punto de partida para una gran conversación con los diferentes poderes de nuestro vecino del Norte, pues Trump no es y no debería ser el único interlocutor.
No obstante, lo que es cierto es que el factor Trump ya es una ecuación independiente de la acción diplomática y estratégica mexicana. Habrá que ser inteligentes.
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