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¿Y si lo convertimos en una oportunidad?

Trump quiere un cambio profundo que nos impacta
México ya está pagando un precio por las posturas agresivas de Donald Trump. Ha sido un proceso de desgaste continuo que parece destinado a prolongarse hasta que el expresidente estadounidense logre sus objetivos, muchos de los cuales pueden resultar perjudiciales para nuestro país. Sin embargo, es importante reconocer que sus ambiciones se centran en dos grandes ámbitos: la reconfiguración del gobierno de Estados Unidos para consolidar su poder y el rediseño de la política exterior estadounidense con el fin de reordenar el escenario geopolítico global mediante negociaciones militares, económicas y políticas.
En el primer frente, Trump ha avanzado rápidamente al designar operadores de línea dura con la finalidad de reducir el gasto, eliminar programas contrarios a su ideología, castigar a sus adversarios políticos y renegociar privilegios generados desde el poder federal. Reportes indican que más de 100 mil funcionarios han renunciado en un programa de retiro anticipado, y la presión para alinear la administración a sus intereses es creciente. Un ejemplo de esta operación a gran escala es la intervención del Departamento de Justicia para retirar cargos de corrupción contra el alcalde de Nueva York.
La opinión pública estadounidense observa atónita esta reconfiguración del poder, que se extiende por toda la administración federal, las cortes y el Congreso. Mientras tanto, la oposición ha quedado reducida e incapaz de articular una respuesta contundente. Quizá la última advertencia significativa fue la de Joe Biden, quien, horas antes de entregar el poder, alertó sobre el peligro que enfrenta la democracia. Desde entonces, las voces opositoras han sido escasas y poco influyentes.
En el plano internacional, el avance también es vertiginoso. Estados Unidos ha implementado aranceles compensatorios y ha presionado a sus aliados y adversarios, marcando el mayor viraje en su política exterior desde la Segunda Guerra Mundial. Ha negociado un acuerdo con Rusia para finalizar la guerra en Ucrania sin la participación de Europa, la OTAN o el propio gobierno ucraniano. Al mismo tiempo, ha iniciado un proceso de redefinición de su relación con China y ha reestructurado sus vínculos con Europa, no solo en lo comercial y tecnológico, sino también en lo político y militar.
En Oriente Medio, su respaldo incondicional a Israel ha intensificado el conflicto, con amenazas extremas como la posible deportación de la población palestina de Gaza. Líderes mundiales han sido ridiculizados en sus intentos de adaptarse a esta nueva realidad, desde Justin Trudeau, quien incluso sugirió la anexión de Canadá a EE.UU., hasta Narendra Modi, quien enfrentó duros reveses en su visita a Washington.
El caso de México es particular. No solo está afectado por los cambios en la política exterior estadounidense, sino que también juega un papel crucial en los asuntos internos de Estados Unidos, especialmente en temas de migración y combate al narcotráfico. Trump necesita proyectar dos imágenes políticas clave: una frontera "sellada" y una lucha implacable contra el fentanilo. Para ello, la cooperación con México será fundamental. La clasificación de los cárteles como organizaciones terroristas impone la obligación de mostrar resultados contundentes y visibles, lo que coloca a nuestro país en el centro de esta estrategia.
Los temas económicos, comerciales y de seguridad compartida son prioritarios, pero antes deben producirse estas imágenes políticas que refuercen la narrativa de Trump. Solo después de ello llegarán los acuerdos estructurales, cuya negociación será crucial para la estabilidad de la región. México enfrenta una situación delicada: el costo de la colaboración puede ser alto, pero el precio de la inacción sería aún mayor. Un escenario de descoordinación podría desencadenar una crisis mucho más profunda.
Estamos ante una de las pruebas más desafiantes de nuestra historia reciente, quizá la más compleja desde la guerra de 1847. Lo que ocurra en los próximos meses definirá el rumbo de nuestra nación. Sin embargo, en medio de la incertidumbre también yace una oportunidad: el desmantelamiento de los grupos criminales que han socavado la seguridad y las instituciones públicas y privadas en México. Si este proceso resulta en un Estado más fuerte y una reducción significativa del crimen organizado, podríamos considerarlo un avance positivo, siempre y cuando se respete nuestra soberanía y se fortalezcan nuestras instituciones.
En el ámbito económico, la competencia entre Estados Unidos y China podría generar oportunidades únicas para México. Si logramos integrarnos estratégicamente a la ola de innovación que trae consigo la inteligencia artificial, la transición energética y las nuevas tecnologías en telecomunicaciones y exploración espacial, podríamos posicionarnos de manera ventajosa. No nos convertirá en una potencia de la noche a la mañana, pero podríamos avanzar significativamente con asociaciones estratégicas y un respaldo firme a la inversión pública y privada.
Así, frente a un panorama desafiante, la verdadera pregunta es: ¿qué estamos dispuestos a obtener a cambio?
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