Jueves, 27 de Marzo 2025
Suplementos | Se localiza en la Av. 16 de Septiembre y Prisciliano Sánchez, en el Centro Histórico

Templo de San Francisco de Asís en Guadalajara

El Templo de San Francisco de Asís es una de las joyas arquitectónicas de estilo barroco de nuestra ciudad

Por: EL INFORMADOR

Breve historia

El conquistador espiritual de estas tierras, fray Antonio de Segovia, en 1531 funda el primer convento en el poblado de Tetlán, vecino a Tonalá.
En 1542 trasladan el templo y convento al barrio indígena de Analco; como este lugar era húmedo, nuevamente mudan el convento más hacia el poniente, al lugar donde hoy se encuentra la iglesia.

El antiguo convento e iglesia era de suma sencillez, construido en adobe; a partir del año de 1580, constaba de tres naves con techo de madera y artesonado, adornado con retablos dorados. Al lado izquierdo del templo se encontraba el antiguo convento; el convento tenía una espléndida huerta que ocupaba el terreno que va desde la calle Corona hasta la calzada Independencia.

Donde actualmente vemos una fuente y arcos de medio punto, se localizaba el convento.

El sitio que ocupan hoy los dos jardines, uno frente a San Francisco y otro frente a la capilla de Aranzazú, formaban el gran atrio del convento.

En el primer cuarto del siglo XVII, la iglesia estaba terminada. "La iglesia es de tres naves, de arquería cubierta de madera artesonada y lacería y la más adornada de la ciudad. Tiene diez altares y capillas muy bien aderezadas y doradas con retablos muy buenos de pintura y ensamblaje, y el altar mayor tiene un retablo muy grande de muy linda pintura con imágenes de santos, de bulto de escultoría, y toda la capilla dorada, y el arco toral de alto a bajo hasta las gradas".

Al paso del tiempo la iglesia estuvo en muy mal estado y fue necesario tumbar la antigua torre, porque era un fuerte peligro para la construcción; así que comenzó la reconstrucción (1684), aprovechando los muros para levantarla más alta y se hizo la torre que está hoy con nosotros. La iglesia se reconstruyó de una sola nave de bóvedas, todo esto a instancias de fray Miguel de Aledo y se concluyó la obra por fray Antonio de Avellandeda en 1692. En los primeros años del siglo XVIII, fray José de Orozco reconstruyó el convento y se siguió embelleciendo la iglesia; fray José Oliván puso en el templo un bello órgano, el cual fray Luis de Palacio decía que era "de voces dulcísimos, el cual largos años envidiaron los canónigos".

Las capillas desaparecidas eran las del Santo Cenáculo, San Antonio de Padua, la Tercera Orden o de San Roque, la del Santo Sepulcro y la del Noviciado.

En 1825 se acuerda quitar toda la riqueza y hermosura churriguesca de sus altares dorados, y en 1826, en el provincialato de fray Francisco Padilla, se acaban de quitar y se sustituyen por unos altares neoclásicos.

En 1860 viene la exclaustración. En 1861 se demolieron las capillas de San Antonio de Padua y San Roque y el cerco de piedra que circundaba al convento.

Buena parte del convento se vendió y fraccionó, otra parte fue en un tiempo cárcel de mujeres, y después cuartel y caballerizas: En los terrenos de la huerta estuvo la Estación del Ferrocarril Central Mexicano, exactamente a espaldas del templo. En el centro del jardín de San Francisco estuvo el monumento al Gral. Ramón Corona, hoy situado en la Calzada Independencia.

En 1934 la Secretaría de Bienes Nacionales vendió a varios particulares una parte de los anexos del templo, incluyendo la sacristía, en 11 mil pesos, mitad al contado y el resto en abonos. La noche del 14 de abril de 1936 la iglesia de San Francisco fue incendiada (nunca se encontró a los culpables), perdiéndose lo que quedaba de esculturas, adornos y pinturas antiguas.

Al año siguiente inició la reconstrucción, quedando el templo como lo vemos actualmente. La bendición del Altar Mayor fue el 9 de abril de 1952 y la consagración del templo tuvo lugar el 23 de marzo de 1958, ceremonia que ofició el arzobispo de Guadalajara, José Garibi Rivera. La torre es de base rectangular, con campanario de dobles claros que soporta al tercer cuerpo de forma octagonal, que termina en bóveda de aristas. Cubren sus naves una bóveda casi plana y cinco esféricas, la cúpula del presbiterio descansa sobre tambor octagonal con ocho ventanas y linternilla rematada por hermoso capulín.

Cuenta con una hermosa portada de tres cuerpos, de excelente proporción y característico estilo barroco, con columnas salomónicas copia de las antiguas de la catedral; en su parte inferior y a cada uno de los lados del portón se encuentra las estatuas de San Buena Ventura y San Antonio. En la parte superior se puede apreciar la ventana del coro y el águila mexicana que sustituyó a las armas reales, consumada la Independencia. A sus lados, las esculturas de Santo Domingo y San Francisco. El tercer cuerpo presenta una hornacina del mismo orden, con la imagen de la Inmaculada Concepción.

El Convento de San Francisco fue el más grande de la ciudad, se le confiscó y destruyó a consecuencia de las Leyes de Reforma. El altar mayor tiene un retablo muy grande y toda la capilla dorada.

Hasta la fecha, en este sitio se celebran bodas, misas de “quince años” son cotidianas y afirman el “status” social de participantes e invitados.
La Iglesia de San Francisco de Asís, con amplios y arbolados jardines sirviéndole de atrio no oficiales, tiene por vecinos a edificios nobles, rememorables de un pasado porfiriano, como el que da albergue a restaurantes tradicionales de Guadalajara.

Hilda Ortiz Vargas
hilortiz@informador.com.mx

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