Martes, 15 de Abril 2025
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Cultura

“No se creía que uno pudiera vivir del arte”: Miguel Ángel Martín del Campo

El artista plástico fue el invitado central en la edición 36 del Art Fest; conoce detalles de su trayectoria 

El Informador

Miguel Ángel Martín del Campo fue el invitado central en la edición 36 del Art Fest, un evento organizado por The American School Foundation of Guadalajara que tuvo lugar ayer. Previo a este festival y para adentrarnos en el mundo de este escultor, EL INFORMADOR visitó su estudio donde compartió detalles de su trayectoria.

Miguel Ángel nació el 6 de enero de 1971 en Lagos de Moreno, Jalisco. Desde pequeño, su mundo estuvo lleno de imágenes, de dibujos en casa, de manos modelando tortillas con forma de burrito en la cocina de su abuela, de piedras que pedían ser talladas. Esa inclinación instintiva por darle forma y sentido a los objetos sería el punto de partida de una vida marcada por el arte, aunque el camino no sería directo ni sencillo, contó.

A los siete años, su familia se trasladó a Guadalajara. Allí cursó sus estudios básicos y, como muchos jóvenes que buscan la estabilidad, optó por inscribirse en la carrera de Administración de Empresas en el ITESO, en 1990. Sin embargo, su vocación artística ya se gestaba en los márgenes de las clases. “En la universidad me la pasaba dibujando, haciendo caricaturas de mis compañeros. Por ahí más de alguno todavía conserva esos dibujos”, cuenta con una sonrisa.

Un día, en un bar, mientras bebía cerveza, Miguel vio un torso femenino tallado que le llamó poderosamente la atención. Al preguntar por su origen, le dijeron que había sido hecho en el Instituto Cultural Cabañas. “Yo jamás me enteré que había una escuela de arte en Guadalajara. Hice el examen de admisión, me aceptaron y, cuando les dije a mis papás que me salía del ITESO para meterme a estudiar Artes Plásticas, no se lo esperaban. En ese tiempo, no se creía que uno pudiera vivir del arte”.

Así inició formalmente su formación artística en escultura en el Instituto Cabañas entre 1992 y 1996, donde también realizó un curso de especialización en tallado de madera, piedra y fundición en bronce. Pero el horizonte de su creatividad apuntaba más lejos: Florencia, Italia.

“Mi sueño, toda la vida, fue irme a Italia, pero no a cualquier lugar. Yo quería ir a Florencia. Me la imaginaba como la ciudad del arte, donde se generaba todo el arte del mundo”, recuerda. Lo que sería un viaje de seis meses se convirtió en una estancia de diez años. Al llegar, se sorprendió de que no era la ciudad bulliciosa de galerías y efervescencia artística que imaginaba, pero el destino tenía otros planes.

Pieza creada por Martín del Campo. EL INFORMADOR/A. Navarro

En Florencia conoció a Patricio Travalli, un maestro de arte que se convirtió en su mejor amigo. “Él tenía su estudio, yo le daba clases de español y él me enseñaba italiano. Fue gracias a él que empecé a meterme en concursos... A partir de ahí, empecé a exponer en diferentes galerías en Italia”.

Pero Miguel también trabajó fuera del mundo del arte para sobrevivir y, curiosamente, eso expandió su lenguaje artístico. Durante cinco años colaboró en una fábrica de cerámica ubicada en una zona con más de cinco siglos de tradición alfarera. “El dueño era un napolitano que empezó a pedirme diseños nuevos. Yo propuse cosas distintas a lo que hacían todos. Acabé siendo director de diseño de la empresa”.

Esa experiencia fue crucial. No sólo tuvo acceso a hornos industriales para sus propios proyectos, sino que empezó a explorar nuevas formas, materiales y estilos. Más adelante, su trabajo como montador de stands para ferias de diseño y moda en Milán le permitió conocer profundamente los materiales y trasladar ese conocimiento a su escultura.

A pesar del entorno italiano, su obra nunca dejó de tener raíz mexicana. “Yo siempre estuve muy influenciado por la artesanía mexicana. Cada 15 días me iba a Michoacán a comprar diablitos, mariposas, cochecitos, puerquitos de colores. Mi obra es muy colorida. El problema es que eso no lo podía reflejar en el bronce, porque casi siempre las esculturas en bronce son cafés, verdes o negras por el medio ambiente. Me hacía falta el color”.

Durante años buscó una forma de incorporar la paleta vibrante que lo acompañaba desde México a las esculturas de bronce. Fue hasta que viajó a San Francisco con su hermano Víctor -fotógrafo y pintor- que descubrió una empresa que producía pátinas de colores a base de agua, sin químicos agresivos como el ácido nítrico o muriático. “Ahí encontré la posibilidad de trasladar lo que hacía en cerámica al bronce. El bronce me gusta porque me permite hacer formas que con cerámica no puedo, como los cabellos. Siempre represento los cuatro elementos en los cabellos: agua, viento, fuego y tierra. Y además es eterno: una pieza de bronce puede durar muchísimos años”.

La técnica no es lo único que define su trabajo. Martín del Campo es un escultor profundamente conceptual. Cada obra es una pieza única, como si jugara con LEGOs, y responde a tres grandes temas que ha definido como su núcleo creativo: metamorfosis, cambio y movimiento. “Insisto mucho en que si no te diviertes en lo que haces, no se lo gozas. Y las personas que ven mi trabajo lo perciben. Siempre he buscado darle vida o sentimiento a los objetos”.

Ese enfoque lo ha llevado a desarrollar series con seres mixtos, seres de luz, gárgolas protectoras e instalaciones con huesos cubiertos por insectos de plata. “Los huesos para mí se convirtieron en soportes, como lienzos donde genero historias. Escribo, incrusto esculturas en joyería, y luego les doy baño de plata. Es una metáfora: el hueso, como nosotros, se va a morir, pero de ahí nacen mariposas e insectos. La materia no se crea ni se destruye”.

EL INFORMADOR/A. Navarro

EDICIÓN 36 DEL ART FEST

Creatividad, arte y solidaridad 

The American School Foundation of Guadalajara celebró ayer la edición número 36 del Art Fest, un evento que, con más de tres décadas de trayectoria, se ha consolidado como un espacio de encuentro para artistas, estudiantes y familias. En esta ocasión, la comunidad escolar se sumergió en un ambiente lleno de creatividad, explorando exposiciones, talleres y actividades interactivas que fomentaron el amor por el arte.

Uno de los momentos más destacados del festival fue la subasta de arte, que este año se centró exclusivamente en piezas creadas por los alumnos de la institución. Gabriela Castañeda, coordinadora del evento, explicó la importancia de esta decisión: “Este año decidimos hacer la subasta sólo con la obra de los alumnos y hacerla dentro del colegio para que los padres de familia tuvieran la oportunidad de tener esta experiencia. Y para que los alumnos también tuvieran la experiencia de ver la dinámica de una subasta nos da mucho gusto que estén aquí el día de hoy”, comentó.

En total, se subastaron 17 piezas elaboradas con distintas técnicas, entre ellas cerámica, dibujo a lápiz, acuarela, carboncillo, acrílico y lápiz de color. Además, una de las obras fue intervenida en colaboración con el artista plástico Miguel Ángel Martín del Campo.

Como un gesto adicional, todas las personas que participaron en la subasta ingresaron automáticamente a la rifa de Esperanza, una pieza creada por el maestro Martín del Campo.

Parte de los fondos recaudados serán destinados al Organismo de Nutrición Infantil A.C. (ONI), fortaleciendo así el compromiso del festival con causas sociales y comunitarias.

Además de la subasta, el Art Fest ofreció una experiencia artística integral. Los asistentes pudieron disfrutar de música en vivo, talleres interactivos y una variada oferta gastronómica. Asimismo, varios artistas plásticos exhibieron y compartieron su trabajo, enriqueciendo la jornada con su talento.

Para Luisa Domínguez, una de las asistentes, este tipo de iniciativas tienen un impacto profundo en la formación de los niños y jóvenes:

“Me parece estupendo que la American School Foundation of Guadalajara realice este tipo de actividades en donde se prioriza el arte y lo fomenta en los niños. Además, les demuestra que ser artista es una gran profesión y, contrario a lo que se diga, se puede vivir siendo artista y en específico un artista plástico”, expresó.