Miércoles, 26 de Marzo 2025

Falta de oportunidades impulsa a jóvenes hacia el crimen organizado: Experto

Omar García Harfuch señaló que las redes que operaban el reclutamiento en el Rancho Izaguirre contemplaban falsos empleos y grupos de mensajería

Por: Rubí Bobadilla

Igor González, investigador del CUCSH, señala que

Igor González, investigador del CUCSH, señala que "hay una ausencia de futuro porque las posibilidades que les brinda el Estado ya no alcanzan a cuajar".

De acuerdo con lo dado a conocer este lunes por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, las redes que operaban el reclutamiento de jóvenes para su adiestramiento en el Rancho Izaguirre contemplaban no solo ganchos con falsos empleos, sino también grupos de mensajería donde se hablaba abiertamente sobre las actividades en torno al crimen organizado.

Considerando este tipo de situaciones, el ingreso de jóvenes al crimen organizado no es un fenómeno aislado ni una simple elección individual, y tampoco se remedia revictimizando a quienes cayeron en manos de estas redes criminales bajo ideologías que han permeado en la sociedad ante distintos factores sociales.

Igor González, investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara, señala que se trata de un proceso complejo donde las condiciones estructurales, la falta de oportunidades y una crisis de legitimidad institucional han roto la ruta tradicional hacia la adultez. Explicó, son nichos vacíos los que han sido precisamente aprovechados por el crimen organizado como una vía de inserción social.

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Durante décadas, la trayectoria que llevaba a los jóvenes a la adultez era relativamente estable: familia, escuela, trabajo y, eventualmente, la formación de un nuevo hogar. Sin embargo, esta estructura ha colapsado. "Nada le garantiza a un joven que inicia su trayecto en la familia y continúa en la escuela que podrá insertarse de manera adecuada en el mercado laboral y tener un trabajo que le permita vivir dignamente", explica González.

La familia, la escuela y el trabajo han cambiado drásticamente en los últimos 40 años. La precarización laboral, la falta de empleos bien remunerados y la inestabilidad económica han erosionado la idea de que el esfuerzo y la educación conducen a una vida mejor. Como resultado, muchos jóvenes perciben que no tienen un futuro dentro del sistema formal.

"Hay una ausencia de futuro porque las posibilidades que les brinda el Estado ya no alcanzan a cuajar", señaló González. Ante esta crisis, el crimen organizado emerge como una alternativa que ofrece un acceso inmediato a recursos y poder, aunque con un horizonte extremadamente corto, de apenas tres a cinco años, antes de terminar en la cárcel o la muerte.

El atractivo de la violencia

Más allá de la precariedad económica, hay un factor simbólico que refuerza la atracción de los jóvenes hacia estas estructuras criminales: el lenguaje y la propaganda en torno al crimen organizado y la "narcocultura". "Esta oferta cultural ha cumplido tres funciones: normalizar la violencia, justificarla e invisibilizarla", explica el investigador.

En las redes sociales y en la música popular, la figura del narcotraficante es presentada como un modelo de éxito. La narrativa no sólo legitima la violencia como un medio para obtener poder, sino que también la banaliza, al grado de que los actos criminales dejan de ser motivo de escándalo. "Antes, la violencia operaba en sigilo y era vergonzosa. Hoy, cada vez tiene una presencia pública y una normalidad terrible", advierte González.

Esta normalización de la violencia se ve reforzada por dinámicas de reclutamiento que apelan a la identidad y la masculinidad de los jóvenes. En grupos de WhatsApp utilizados para captar nuevos integrantes, los reclutadores refuerzan la idea de que solo "los hombres de verdad" tienen acceso al poder, al dinero y a las armas. Este discurso, que exalta la violencia como una prueba de masculinidad, se convierte en un factor de atracción aún más fuerte para quienes buscan reconocimiento y pertenencia.

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El Estado ausente

Para González, la clave del problema no está en los jóvenes, sino en las condiciones que los empujan hacia estas dinámicas. "El peso no está del lado de las juventudes, sino del lado de la entidad que debería garantizar mejores condiciones de vida, que es el Estado", enfatiza.

El crimen organizado no es una elección deliberada, sino el resultado de un sistema que ha fallado en ofrecer alternativas viables. "Si el Estado no te brinda ni siquiera seguridad, la única opción que queda para muchos jóvenes es transitar por las vías que les permitan sobrevivir", afirma el investigador.

En este contexto, la respuesta no puede limitarse a la criminalización de la juventud. Es necesario reconstruir el tejido social, garantizar oportunidades reales de desarrollo y restablecer la legitimidad de las instituciones. De lo contrario, la violencia seguirá siendo el camino más accesible para quienes han sido dejados atrás.

YC

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