Lecciones de duro aprendizaje, pero lecciones al fin, que pueden significar el principio de nuevos ciclos en la dinámica de la ciudad, en los que se conjuguen de modo equilibrado y comedido los intereses de los sectores político, económico, religioso, social.
Seguro quedan reclamos guardados, deseos de regresar las que se consideran ofensas. Fueron tan agudas, en su momento, las polémicas por la sede, las posturas críticas que se opusieron al proyecto original, que parece complicado encontrar ahora el terreno común para los acuerdos. Pero es necesario.
En el caso de los políticos, sin distinguir su origen partidista o plataforma ideológica, tendrán responsabilidades diferentes para encarar, con el tiempo recortado, los procesos de construcción de instalaciones y organización de la justa deportiva panamericana. Un papel deberá cumplir también la iniciativa privada, igual que el resto de los actores sociales.
Es indispensable ahora seguir los acuerdos y aceptar los compromisos, porque a raíz de los desencuentros públicos, se alimentó en un sector considerable de la sociedad tapatía y jalisciense, el sentimiento de rechazo y apatía por la organización de los Panamericanos. Es urgente seguir adelante, sin dejar que el tiempo se consuma, en los preparativos de las competencias deportivas para que al final del ciclo, a los habitantes de la ciudad les quede la convicción de que hay capacidad de organización para éste y cualquier proyecto.
Quedará, es cierto, la infraestructura deportiva. Y pasará rápidamente la euforia de las competencias. Igual sucederá con el ambiente festivo que imprimirán visitantes y turistas. Será cuestión de unos días.
Pero ese valor inasible que puede ser la conciencia común de haber sido anfitriones correctos, es semilla de futuros logros.
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