Jalisco
Una Perla llena de contrastes
Los automovilistas disfrutan de viajar en la recién arreglada avenida Enrique Díaz de León
Agosto 31 de 2011: tijeras y listón; un corte efímero; sonrisa digna del dentífrico de mayor consumo en el mercado para los flashes, y ya está: Guadalajara tiene una nueva vialidad, recién maquillada y lista para estrenar. El tormento para la suspensión de miles de automóviles que acostumbran circular por esa rúa, ha terminado.
Se viaja en la zona de confort y nulo estrés. Donde la línea recta es la constante y la experiencia acumulada en el manejo del volante, al "zigzaguear" para esquivar los pozos, se guarda por obligación. Ya otras arterias requerirán tal habilidad: no Enrique Díaz de León. Una de las pocas vialidades tapatías que, en pleno temporal de lluvias, saludan al usuario con colores vivos, y en donde el peatón que la camina sonríe sin tapujos.
Así, el vehículo mismo se muestra benévolo y complaciente; casi una extensión del cuerpo que siente transitar por la ruta correcta. No hay fallas, ni un distractor que perturbe la experiencia. El andar del caminante mecánico es realmente placentero... hasta que, como todo sueño, termina abruptamente y la realidad golpea en la cara, como el ruido ensordecedor de la alarma matutina para arranque de jornada.
La Avenida de referencia, en su sentido Sur-Norte, despide al viajero con lamento, pues cada vez menos cuadras faltan para el primer impacto con el bache aquel, el que siempre estuvo -y estará- en la calle Independencia. El golpe entre el neumático y la herida del asfalto llega, y hace vibrar tanto al tablero como a quien trae en manos el volante.
Futuro y pasado; evolución e historia, chocan entre sí de forma por demás obvia en la calle en cuestión. Hasta donde el progreso llegó; hasta donde el dinero público permitió que se cambiara la experiencia de usar un auto en esta ciudad de contrastes.
EL INFORMADOR / ISAACK DE LOZA
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