Jalisco
1990
En 1990 todavía había una gran diferencia en la forma de vida de los capitalinos y los tapatíos, ‘‘allá sí que hay congestionamiento’’, decíamos
La ciudad era otra. En veinte años la mancha urbana creció indiscriminadamente, lo que entonces eran los primeros desarrollos privados promovidos por unos pocos grupos de influyentes inversionistas, se convirtieron en una “plaga constante” en el desarrollo de la ciudad. Una vorágine actividad especuladora fue ampliando los limites urbanos a través de cuestionables mecanismos, crecimos sin planes ni visión a futuro. Las autoridades de gobierno coronaban un proceso de abandono en la regulación del crecimiento urbano entregando el “alma” de la ciudad a la oferta y la demanda. La calidad de vida que ofrecían viviendas con casa club y alberca, fueron el gancho para empezar un proceso de “aislamiento” de la ciudad; tal vez sin imaginarlo, comenzábamos un proceso de “tribalización”, que Jordi Borja definió como ir “construyendo tribus” las cuales finalmente terminan aisladas o en guerra.
También durante este tiempo, aumentaron significativamente los pasos a desnivel y los puentes en la ciudad, pero nunca terminaron el periférico. Creció la infraestructura vial y con ella, como siempre ocurre, aumentó también el congestionamiento; más calles, más autos. El parque vehicular creció en más del 150 por ciento.
En 1990 todavía había una gran diferencia en la forma de vida de los capitalinos y los tapatíos, “allá sí que hay congestionamiento”, decíamos; hoy el promedio de velocidad en auto en Ciudad de México es de 19km/hr mientras en Guadalajara es de 14km/hr.
La política de “el de atrás paga” como define Felipe Cabrales a la forma de actuar en la ciudad donde se “transfieren deudas históricas a nuevos ciudadanos”, nos ha hecho un daño enrome en este periodo.
La escuela de arquitectura al borde de la barranca era un maravilloso espacio para estudiar. Enclavada en un paraje natural único, amplios salones, corredores y espacios abiertos para convivir, fueron lugares propicios para que diseñadores y arquitectos imagináramos el futuro. El hoy CUAAD saturado de alumnos, no se da abasto para la enorme demanda educativa, mientras tanto, desafortunadas intervenciones de ornamentación, han puesto en evidencia que no solo nuestra ciudad ha sufrido en estos veinte años de malas decisiones.
De los egresados de entonces, la mayoría fueron abandonando de a poco la profesión, en busca de alternativas más rentables y justas; es difícil saber cuántos y cómo, han participado –por acción u omisión-, en el escenario actual. Hoy miles de jóvenes se forman en las aulas de las escuelas de arquitectura de la metrópoli, esperando contribuir para tener una mejor ciudad. La experiencia urbana diaria y el acceso a la información, hace imposible ocultar el gran reto que tenemos para establecer acuerdos y que los próximos veinte años sean mejor que los anteriores.
alfredo@infotectura.org
Síguenos en